Pacientes, amigas o conocidas. Basándome en mis conocimientos sobre las relaciones sanas y el papel del hombre y la mujer en nuestra sociedad actual, me hacen la misma pregunta, ¿Qué me pasa Irene?, ¿Por qué atraigo solo a ese tipo de hombres?, ¿Por qué parece que solo me gustan los chicos malos?, ¿Soy yo?…
En ese momento se me pasan por la cabeza mil cosas, pero ninguna clara para dar una respuesta certera.
Lo que me ha llevado a realizar una pequeña investigación y devolver de esta manera aquello que me demandan.
Lo primero que tengo que aclarar, es que cuando hablo de «chicos malos» no me refiero a relaciones de maltrato, desde el punto de vista en que lo trata la prensa. Sino a relaciones tóxicas, debido a los celos, a los breves momentos en que la pareja permanece junta, dañinas pos su desgana o por su falta de implicación.
Las mujeres a lo largo de nuestra vida vamos diseñando un esquema de como debería ser nuestra historia de amor , nuestro amor verdadero. Aquel que nos quiera, que nos salve, que nos comprenda, que nos escuche , que nos vuelva locas de amor, que nos haga llegar al climax, etc. Vamos, lo que se llama un ser inexistente.
Este esquema, empieza en nuestra tierna infancia. Vemos como a través de los cuentos; de los medios de comunicación; como a través de los comentarios de los adultos, que nos mentan cosas del tipo…¿Has visto a que guapo es Daniel?, ¿Es tu novio?, ¿Dónde vas tan bonita,a ver tu novio?, etc. Dichos acontecimientos provocan que las niñas diseñen un prototipo de hombre. Y sí, digo niñas y hombres, porque la sociedad no se plantea el hecho de que no seamos otra cosa que heterosexuales, ¿O alguna conoce un cuento entre dos personas del mismo sexo?
Y digo niñas y no niños, porque es a nosotras a las que de pequeñas se nos inculca el hecho de encontrar una persona que nos salve y nos proteja, y con el que formar una familia. Vamos siendo encorsetadas en esta vorágine de cremas, dietas y relaciones dañinas
De ahí que niñas y niños se encuentren tan distantes en sus juegos. No siendo capaces, muchas veces, de encontrar actividades en común. Que los niños consideren que las niñas son un rollo y unas cursis, y las que niñas vean a los niños como unos brutos insensibles. Ya que nuestros juegos han sido y siguen siendo marcados, resultando completamente diferentes, así como nuestra educación.
Pero este es otro tema, si queréis saber más, os recomiendo mi artículo http://www.psicosalivia.com/2017/12/15/mujer-siga-pasillo-rosa/
Volviendo al «amor de nuestra vida». al esquema del que antes hablábamos parece que resulta demasiado similar, o eso, o niñas y no tan niñas hemos nacido con los mismos gustos. Debe ser guapo y apuesto, algo mayor que nosotras, fuerte y con poder. Un hombre que nos resuelva la papeleta…un príncipe sería perfecto, ¿No os parece?
Pero pasados los años llega la época de rebeldía, la temida adolescencia. Aquella etapa donde las hormonas deciden sobre nuestra conciencia. Donde nuestro padres adorados, se convierten en los seres más perturbadores de nuestra vida y donde nuestro grupo de iguales es por excelencia todo lo que nos hace sentir bien. Es la hora de encontrar ese amor que nos vuelva locas y nos haga experimentar cosas que antes no hubiéramos ni tan si quiera imaginado. Ese chico ya no puede ser un príncipe, al menos ante los ojos de nuestros padres y madres, ahora debe ser un rebelde, un provocador…aquel que nos saque del cascarón y nos enseñe a ser «mujeres». Esto no es lo que suele pasar, es lo que nos venden como ideal, y lo que por tanto deseamos.
Para las que pasamos de los 30, Johnny Castle, el bailarín de Dirty Dancing era el chico perfecto. Y es que lo tenía todo, era indócil, desobediente, guapo a rabiar (lo interpretaba Patrick Swayze, claro que era guapo a rabiar), tenía un cuerpazo de escándalo y se movía como nadie. A los ojos del padre de la protagonista era el tipo de chico con el que nunca querría ver a su pequeña. Esta pobre parecía no saber nada de la vida y en un principio se veía absurdo que un chico así pudiera fijarse en ella, y es que el personaje no podía ser más perfecto. Bueno si, porque detrás de ese chico duro se escondía un ser entrañable, con ganas de luchar, de amar y de sentirse parte de una familia. Vamos, que el príncipe azul estaba escondido debajo de unas gafas de sol y una chupa de cuero y está claro que es nuestro príncipe, porque cuando la pobre chica desvalida, está acorralada y esquinada en una mesa, bien pegadita a sus padres, llega el apuesto de príncipe y con unas palabras mágicas «No permitiré que nadie te arrincone», se la lleva con él. El príncipe nos rescata de nuevo!! Menos mal, ¿Qué va a ser sino de nosotras?
Está claro que a lo largo de las diferentes generaciones el chico malo siempre ha estado presente en la vida de las adolescentes, haciéndonos soñar con un amor imposible. Porque no hay nada mejor que encontrar a ese chico malo al que deseamos y con nuestro amor hacerle cambiar. Otros ejemplos poco sonados serían «Tres metros bajo el cielo», «Crepúsculo» o «Cincuenta sombras Gray».
Pero eso no sería una razón para entender por qué algunas mujeres dan con este tipo de hombre y otras no. Pero no a todas nos afectan las cosas por igual, ¿No?
Una razón clave, puede ser por lo que hemos aprendido, el denominado Aprendizaje Vicario. El primer modelo del amor romántico que llega a nuestra vida es el que vemos en casa, normalmente nuestros padres. Si vemos una relación basada en los gritos, enfados, celos, etc. No tenemos por qué repetirlo, pero si lo normalizaremos más fácilmente, por lo que nuestro grado de tolerancia en una relación será mayor en ese ámbito.
La neuróloga Helen Fisher, tras realizar un estudio de por qué nos enamoramos de unas personas y no de otras, expuso que cuando surge una relación se dan varias condiciones: el momento, la proximidad y un factor que me resultó impactante, el misterio, considera que si una persona es misteriosa te enamoras en cierta medida de ese misterio. Señala que el misterio eleva la dopamina, causante de las sensaciones de placer, y probablemente nos impulse hacia el umbral del enamoramiento.
Es curioso esto del misterio. Nos encaja con el príncipe misterioso y con el chico malo que se esconde tras la chupa de cuero? Parece que todo lleva cierta relación.
De forma que trata de buscar una persona que te complemente; alguien a que no tengas que cambiar, la gente no suele hacerlo. Que sea misterioso, pero no demasiado y ten presente que el príncipe Azul no existe, de forma que es mejor dejar de buscarlo, porque no lo vas a encontrar.
Una relación debe ser de igualdad, de respeto, de confianza. Debe haber pasión y cariño. Debe fluir de forma adecuada, no pasar por mil altibajos y como dice la psicóloga Silvia Congost, no debe doler, porque el amor no duele. Por mucho que las canciones, las películas y demás nos lo hayan insinuado.
Si no lo encuentas, prueba a estar sola y ser feliz. No hay nada mejor que conocerse.
