«A que no me dejas» Clave para que la ruptura sea menos dolorosa

«Pero, a que no me dejas», decía una canción de Alejandro Sanz y  continuaba, «…a que te enamoro una vez más antes de que llegues a la puerta». Vaya, que gran frase para decir justo en ese momento, en el que esa persona hace su maleta y ves que sin más, se va. Pero no, la realidad no es así, en ese momento lo más probable es que nos salga un «POR FAVOOOR, NO ME DEEEJES , TE PROMETO QUE VOY A CAMBIAAAAR«, mientras que nos agachamos y lloramos como niñxs desconsoladxs. 

Y así es, se va, y ahí te quedas, con la casa vacía y la mente llena de recuerdos. Con un montón de espacio libre y una lista de tareas pendientes. Ahora nos toca decidir que hacemos con las cosas que son comunes y con las que nos han regalado, qué haremos con la casa, con los gastos, con las cosas compradas en común. Qué hacemos con los muebles, con nuestras mascotas…y con los niñxs? ¿Qué hacemos?

Mientras pensamos todo lo anterior y tratamos de comprender, negaremos lo ocurrido. Cada paso que demos se hará más duro, buscaremos el acercamiento y muchas parejas «recaerán», volviendo a hacerse daño una y otra vez, dudando con cada encuentro.

Una vez que la pareja pone fin de forma definitiva, surge la búsqueda exhaustiva. Somos capaces de convertimos en investigadorxs profesionales. Pasearemos por donde nunca lo habríamos hecho y empezaremos a visitar esos sitios que no son de nuestro interés, pero nos convenceremos de que realmente ha salido de nosotrxs. Realizaremos cosas absurdas, justificando nuestras acciones constantemente. Por ejemplo, podemos decir «Me voy a dar una vuelta por la feria del libro» aunque no nos guste pasear a solas y leer no sea una de nuestras aficiones; o «me voy apuntar al gimnasio«, cuando no tenemos ni zapatillas de deporte. Por otra parte están las redes sociales, aquellas armas de destrucción masiva cuando ha surgido una ruptura. Analizaremos cada detalle, para hacernos aún más daño. Cada comentario de otras personas, cada like , cada nueva relación, cada foto…todo es analizado y medido de forma exhaustiva e imprecisa. Nuestro objetivo, si nos han dejado,  es comprender lo que ha ocurrido, necesitamos pistas para entender que esa persona ya no quiere estar a nuestro lado y si somos los que hemos dejado la relación, buscaremos pistas para comprobar que esa persona se encuentra mal y trata de volver con nosotros, por si acaso hemos tomado la decisión incorrecta. Pero, ¿qué ocurre cuando encontramos respuestas? Si nuestra ex pareja aparece en repetidas ocasiones con otra persona, entenderemos que esa es la causante de nuestra ruptura. Si comprobamos que sale constantemente de fiesta, pensaremos que sale de fiesta para fastidiarnos, para encontrar relaciones esporádicas, etc. Aquí la ira juega un papel fundamental, parece que necesitamos enfadarnos y por ello auto destruirnos es nuestra principal elección. Pero esa ira solo lleva a hacernos daño. Sea como fuere, todo es analizado de forma dañina y negativa.

De ahí que la mayoría de los terapeutas erradiquemos estas redes, así como ciertos hábitos que tienen como fin el reencuentro con esa persona.

Eso no significa que nos hagan caso. Encuentren las mañas para continuar haciendo dicha búsqueda y decir a la par que dichas acciones han terminado. Oímos cosas como «me lo encontré sin querer», «no puedo dejar las redes sociales, son mi mundo exterior», «puse el ordenador y allí estaba», etc. Escuchamos de todo, de forma que  insistimos que sus acciones no son de su incumbencia y que dicha información es irrelevante, para su situación actual. 

Tras esa fase de ira, de búsqueda y de generar falsas creencias, encontramos una fase nueva. De repente «somos conscientes» de que esa persona era la apropiada y muchas parejas lamentan el hecho de haberla perdido, porque en ese momento la consideran su otra mitad. Justifican su conducta pasada y empiezan a recordar el principio de la relación donde todo era amor, besos y caricias.

Oímos frases como: «OH DIOS MÍO! CÓMO HE PEDIDO DEJARLA/E ESCAPAAAAR!», «nunca encontraré a nadie como…»

Ahora quieren reencontrarse con esa persona. Buscando de nuevo la conquista. La mayoría de las veces esa búsqueda queda en nada. 

De forma que tras la dura batalla aceptamos que esa persona no volverá a nuestra vida y entramos en una fase de depresión. 

Muchas personas se etiquetan como aquellas que son incapaces de tener una relación, otras ven imposible volver a tener una pareja como aquella, otras se perciben solas…ect. En esta etapa vuelve el llanto repentino, el ¿por qué?, el tendría que… es una etapa normal donde se le permite al paciente que tome su tiempo para llorar, «que guarde a esa persona», que coja sus recuerdos y los deje cerrados hasta que no le hagan daño. Que no la borre de su vida y que  no la vea como un error, porque seguro que aquella relación nos enseñó muchas cosas, nos ayudó a madurar y a entender que tipo de relación queremos en un futuro.

 

Tras esta fase, llega la fase de ACEPTACIÓN y CONSUELO. No podemos afirmar que haya un tiempo concreto para llegar a este punto, ni tan si quiera podemos decir que estas fases sean lineales, ni que surjan todas. Pero lo que es seguro, es que tarde o temprano, sin ayuda o con ella, esta fase debe llegar.

 

Debemos invitar a la persona a que reucpere su vida. Ahora es el momento de conocerse a sí misma, de saber lo que realmente quiere y necesita. 

Pero eso, es otra historia….

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