Con Tu Psicóloga y Sexóloga – Psicología, Sexualidad y Pareja

¿Para ser mujer? siga el pasillo ROSA

Una tarde de primero de carrera, mi profesor de una asignatura de cuyo nombre no puedo acordarme, afirmaba rotundamente que mujeres y hombres éramos totalmente diferentes desde nuestra más tierna infancia. Para tal afirmación nos contaba un estudio sobre niñas y niños que vivían en una tribu de África, en dicha aldea no había televisión, ni podían ver catálogos de juguetes. Decía que los investigadores soltaron los juguetes y de forma mágica cada una de las niñas y niños se dispuso a jugar con aquellos que «correspondían con su género». A colación de esto, nos recomendaba el libro «los hombres son de marte y las mujeres de venus» de John Gray y decía que este libro explicaba muchas de estas cosas. Un libro que dice que el hombre no ayuda en casa porque considera que con su trabajo remunerado ya ha cumplido y nosotras como mujeres, debemos entenderlo y tratar de camelarlo para que nos «ayude» un poco  y consigamos, al menos, que «nos saque» la basura. Y como este ejemplo otros mil más, para que las mujeres heterosexuales no nos enfademos con nuestras parejas. Un libro partidista, machista y patriarcal. 

Siguiendo con la historia recuerdo que algo me quemaba por dentro, no tanto el comentario rotundo de aquel profesor, sino más bien la respuesta pasiva de las mujeres allí presentes. Yo no solía ser de las que hablaban en clase, pero sabía que esa explicación tan banal merecía al menos un comentario. Le hablé sobre el libro que nos recomendaba (aún no lo había leído, pero me imaginaba su contenido) y sobre el estudio en concreto. Le expuse que aquellas niñas y niños vivían en un contexto machista,  en una sociedad patriarcal con unos roles de género bastante marcados y por tanto ese estudio estaba claramente sesgado. Por otra parte yo misma había tenido la ocasión de trabajar con niñas y niños, ya que anteriormente había hecho el Ciclo de Educación Infantil y el curso de monitora de Tiempo Libre, donde pude ver como la conducta de las niñas y niños de 0 a 17 años estaban claramente influenciada por la sociedad en la que vivimos. Conseguí que la clase y el mismo recapacitaran. Me dijo que profundizaría en el tema y me dio las gracias por aquella aportación.

A partir de ese momento he seguido teniendo la desgracia de encontrarme en situaciones similares, donde he continuado manifestando mi desacuerdo de forma rotunda. Lo que me ha ayudado a comprender a mujeres y hombres no solo a través de su personalidad, sino a través de su educación y su cultura.

¿Pero donde empieza todo? pues en el principio de la vida, en la tripita de mamá. Si, desde que sabemos el sexo del bebé ya empezamos a comportarnos de forma diferente.

El lenguaje que empleamos con la tripa de la madre es distinto. A la niña le hablamos de forma más dulce y achacamos sus patadas a que hace ballet o simplemente a que ha dado una patadita. Mientras que el niño se vive de forma más grotesca, siendo sus golpecitos patadas de futbolista o puñetazos de boxeador.

Puede que esto lo consideréis un poco radical, pero fijaros en las futuras y futuros papás, seguro que no voy tan desencaminada.

Cuando el embarazo ya entra en los últimos meses las futuras progenitoras y progenitores, empiezan a ponerse manos a la obra con su habitación. Y es a partir de ese momento donde el mundo de la mujer se empieza a identificar con el color rosa. 

El del niño es más variado, pero eso sí, nada de rosa, lo que provoca que rosa y mujer vayan de la mano.

De forma que cuando llegamos a casa por primera vez nuestro entorno nos dice que somos, como somos y como debemos de comportarnos. Sino fijaros un poco en los cuartos de vuestros retoños o de la habitación de vuestra infancia.

La habitación de la bebé se llena de muñecas, princesas, ositos, de lazos, de vestidos y de rosa, de mucho rosa.

La habitación del bebé se llena de colores azules y rojos, de muñecos de acción, de balones y coches.

De momento el mundo exterior no se ha puesto en contacto con los bebés, de forma que todos sus roles han sido marcados por su/s madre/s y/o padre/s.

Y de nuevo continúa la conducta que adoptamos desde la tripa, pero de forma más marcada. 

Si nuestro bebé tiene vagina, será nuestra princesita, la agujereamos las orejas, la vestiremos de colores rosas y blancos, la pediremos que no se manche, la premiaremos por ser tranquila y dulce, y la mayoría de piropos irán dirigidos a su imagen…»Que preciosa», «Pero que guapa estás», «Que vestido más bonito llevas», «¿Quién te ha hecho ese peinado tan bonito?»…y otros aún más horribles que hacen alusión a su padre… «madre mía, que cosa más guapa…Cuando seas mayor, se va ha tener que poner tu padre con una escopeta en la puerta de tu casa, para que te dejen los muchachos». Este en concreto lo escuché en primera persona, el comentario iba dirigido a una niña de un año. La mujer que lo dijo afirmaba que la niña sería guapa, pero también débil y heterosexual, pos su puesto.

Si lo que has tenido es un bebé con un pene, enhorabuena. Tendrás un bebé con mayores libertades. Le trataremos de forma más independiente, no le agujerearemos las orejas, ni le pondremos lazos. Gozará de mayor libertad para mancharse y «ser bruto», porque es algo innato en el varón… ya sabéis que «los niños son más brutos», eso afirman madres, padres y profesorado.

Pero eso sí, cuidado con el rosa y con las conductas «demasiado femeninas», dulzura, delicadeza, inocencia, cuidado…y sobre todo nada de llorar, que «los hombres no lloran». 

Los piropos que solemos emplear para ellos van más dirigidos a su persona: «Es un granujilla», «mira que fuertote», «Que bruto es el tío», «Que gracioso»…

Parece que nuestros caminos empiezan a distanciarse

Más adelante la sociedad más aplastante continúa haciendo mella en nuestro cabecita inocente. Los anuncios televisivos nos bombardean con aquello que consideran que nos debe gustar. 

El mundo de las niñas es rosa, morado y blanco. Sus juguetes van dirigidos al cuidado de otros, de la casa y a la belleza. Nuestro mundo nos empieza a considerar débiles, sumisas, cuidadoras…

El mundo de los niños es rojo, negro, azul…su publicidad es agresiva, creativa y constructiva. Su mundo va dirigido al mundo exterior, debe empezar a ser fuerte, valiente, trabajador, creativo…

Pero todos los juguetes deberían ser solo eso, juguetes y ser mixtos, no deberían condicionar nuestras preferencias, nuestro camino no debería estar marcado desde nuestra infancia. 

Hace unos años se le pidió a la marca Lego que involucrara a la mujer en sus juguetes, ya que a pesar de ser juguetes que representan historias y profesiones, las mujeres teníamos un papel muy insignificante y la publicidad no iba dirigida a nosotras. Lego no hizo lo que se le pidió, sino que sacó Lego Friends. De forma que mientras que los niños montaban historias, hacían importantes construcciones y jugaban con colores reales. Las niñas debíamos seguir cuidando, cocinando, limpiando y estando bellas. En nuestro mundo rosa, blanco y morado.

Con esto  no me refiero a que una niña no pueda jugar a lego, e inversa. Me refiero únicamente a quien va dirigida la publicidad. De manera que ésta nos condiciona y nos castiga de sobremanera.

Os invito a ver el mundo con otros ojos. A reconocer que detrás de cada frase, de cada gesto, de cada regalo…puede que estemos ejerciendo presión en el entorno de los que más queremos.

Una propuesta es ver con nuestras pequeñas y pequeños la televisión (no he hablado de los dibujos porque el artículo sería muy extenso, lo dejaremos para otro momento), los catálogos y los folletos publicitarios. De forma que vean nuestra visión crítica y nuestra insatisfacción por los roles impuestos.

Juntas y juntos podemos hacer este mundo un poco más justo.

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